No sé si quiero votar

La semana pasada fui a la embajada de Bolivia en París a tramitar el empadronamiento ante el Órgano Electoral Plurinacional para el próximo octubre. Esta elección me encuentra con desinterés, a veces pienso que hice un papeleo en vano, o más bien como estrategia para no tener problemas administrativos posteriores. Hasta ahora no sé qué haré con mi voto, solo tengo claro a quiénes no se los daré.
Por lo que he podido ver en la distancia, no me parece que haya una disputa por un proyecto societal. Las bases del diseño de Estado y de la sociedad tienen el sello del Gobierno -unas para bien y otras para mal-, y no es lo que ahora se discute. Las razones que transitan en el debate público son sobre temas más bien secundarios que sustantivos; como alguien decía, no hay una batalla propiamente ideológica, sino una querella por el poder. Dicho de otro modo, no está en juego la matriz sociocultural y económica, o en código sociológico no es la historicidad lo que se discute.
Pero hay una paradoja: hoy por lo que sí se está luchando es por el control del aparato estatal, por el poder, lo que es una relativa novedad. Prácticamente en la última década todas las elecciones eran para medir el porcentaje de la victoria de Evo Morales, se partía de la base de la continuidad. En cambio en esta ocasión, sí existe un margen realista de que pierda las elecciones de una u otra manera.
 A la vez, por eso mismo, las elecciones van a ser a muerte, serán las más sucias, las más desgastantes, las más mentirosas (tal vez incluso nos enfrentemos al fraude). Conociendo las artimañas de lo político, habrá que ver hasta dónde llegan las partes, y sobre todo, vaya a saber a dónde llevan al país. Sabemos que son capaces de todo, y esta será la ocasión para corroborarlo. Ojalá que la sangre no llegue al río.
En la misma dirección, es la primera vez que, si seguimos los resultados de las encuestas, la mayor parte de los ciudadanos no quiere a Evo. No significa que por tanto apoyen a Mesa, pero si hay un consenso, es que a más del 50% no le entusiasma la idea de tenerlo como presidente, y de ese sector, hay muchos todavía más radicales. Hace tiempo que la población no llegaba a tal punto de acuerdo. Lo que el Gobierno presenta como un éxito preelectoral en los sondeos, en realidad develan todo lo contrario. El líder que en algún momento fue capaz de aglutinar el apoyo de la mayoría de los bolivianos, ahora concentra la aversión de estos. Es su decadencia, acaso su peor momento.
En fin. Decía que tengo poco interés en votar, y lo peor es que imagino que mi desgano irá creciendo tendencialmente hasta llegar al 20 de octubre. Se verá.

Comentarios

Yered ha dicho que…
Creo que es igual en todo América Latina, la busqueda de poder y no la transformación de un país.

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