La bicicleta es mi ciudad
E n aquellos años, a mediados de los setenta del siglo pasado, mi barrio quedaba en las orillas de la ciudad (en La Paz, Bolivia), que no paraba de crecer. Cerca de los cerros y los ríos no entubados, libres, divertidos y amenazantes, y de pastores y animales del campo circulando libremente, los niños nos apoderábamos del entorno sin medir riesgos. Trepábamos árboles, bajábamos montañas, nos revolcábamos en el barro. Pero nada era tan estimulante como salir en bicicleta. Mi padre, que fue el responsable de enseñarme a dominar el equilibrio en dos ruedas, trajo a casa una bicicleta Hércules para mi hermana. Era un poco más grande que yo, así que me daba miedo montarla, además de tener un diseño más adecuado para recorrer distancias largas, lo que estaba lejos de mi interés de entonces. Poco después llegó lo que se convertiría en mi juguete consentido: una BMX. Era una bicicleta ruda, de freno en la llanta trasera con pedal, sillín largo, sin más aditamentos, i...