Sociología crónica
La sociología es una disciplina de frontera, movediza, inquieta. Hay decenas de caminos para ejercerla, en ocasiones se cruzan, a menudo se alejan; puede que confluyan como suelen enfrentarse. Quizás el único puerto común entre tanta diversidad en esta disciplina –indisciplinada– sea, además de la construcción de un problema a ser investigado desde una perspectiva teórica y una estrategia metodológica, aquella máxima que sugería Bourdieu: entender por qué las cosas suceden de una manera siendo que podrían ser diferentes. De ahí, la sociología, bien adelantaba Berger, es un pasatiempo apasionante, un «demonio que se apodera de nosotros» y nos empuja a observar, anotar, explicar (Berger, 1977, p. 42). Un oficio que se define por la pasión por mirar y comprender, está obligado a desplazarse constantemente, a tocar límites, a romper barreras, a rebelarse frente a cualquier intento de domesticación. Como incansable viandan...