Trasladarse
Cuando murió Paul Auster compré rápidamente uno de sus libros que tenía pendiente leer: “Diario de invierno”. En la segunda parte, el escritor nos lleva de la mano por los distintos domicilios que transitó, uno a uno, contando los sabrosos detalles de su vida. Claro, qué mejor guía autobiográfica que emprender un repaso por nuestros hogares. Empecé un proyecto narrativo –que seguro no llegará a buen puerto– inspirado en el autor norteamericano y a la vez leyendo pedazos de Annie Ernaux que hace algo similar. Abrí mi cuaderno de notas y pasé revista por todos los espacios en los cuales he vivido. No se preocupen, no los voy a aburrir: son veintidós lugares en seis países y si cuento el número de mudanzas en una misma nación, sube la cifra. Terrible. Sí, tengo experiencia empírica en esa tareíta por la que todos –o casi todos– pasamos en distintos momentos. Cuento lo anterior porque en estos días estoy precisamente en ese afán: me estoy trasladando. El ejercicio no me g...