Tianguis
Es domingo, cambio mi rutina. Mi alarma no está programada para sonar tan temprano como sucede los días de semana. Me dejo entre las sábanas, permito que lo sueños tomen un poco más de tiempo, pero no mucho, hoy es día de tianguis. Sin prisa, cuando pasa media mañana, agarro mis bolsas y me dirijo al mercado que se pone los domingos a unas cuadras de mi casa. Durante la semana es una calle poco transitada, pero el día de venta se llena de pequeños toldos normalmente protegidos con plástico rojo que se refleja y crea un ambiente particular, donde se ofrece todo lo imaginable. Primera parada, el vendedor de aguacates. Es su especialidad, no tiene nada más. El diálogo es muy sencillo: «deme cuatro, uno para hoy y tres para la semana, ahí por el miércoles o jueves». El experto toma de su mesa el pedido, toca cada uno, y con sabiduría construida en el tiempo presiona levemente para calcular cuánto estará listo para ser consumido, respondiendo a mi exigencia...