El fotógrafo (Guibert/ Lefèvre/ Lemecier)
Hugo José Suárez
Didier Lefèvre se marchó a
Afaganistán para documentar una misión humanitaria en plena guerra entre
soviéticos y muyahidines. Guibert y Lemercier armaron un bello libro.

Con eso en mente, cámara en mano,
Didier realiza más de 4.000 tomas en decenas de cartuchos. Hay que recordar que
es el tiempo de la fotografía analógica –lo digital prácticamente no existe-,
que implica trabajo manual y cuidado de cada uno de los aparatos para capturar
una imagen, revelarla y finalmente imprimirla.
El cómic no fue concebido desde
el inicio del proyecto, más bien fue una elaboración posterior. Con el enorme
cuerpo de fotografías, Guibert y Lemercier hicieron equipo: uno se encargó de
los textos y los dibujos, y el segundo de las maquetas y los colores. Armaron
una narrativa muy particular en la que el viaje de Lefèvre es, por supuesto, el
hilo conductor.
El experimento narrativo es
extraño pero bien logrado. Está lejos de las fotonovelas aburridas y forzadas a
las que estábamos acostumbrados. La historia propiamente dicha se la cuenta con
realistas viñetas a color donde intercambian los personajes; las fotos –en
blanco y negro- entran cuando se quiere mostrar lo que Didier miró. El texto
que las acompaña está en primera persona, complementando la reflexión del
viajero y conduciéndonos a los lectores al escenario. Las tomas se las enseña
en distintos tamaños, a veces más grandes, otras se reproduce íntegramente la
tira de contactos. A menudo se encuadra la foto que se quiere resaltar a mano
con plumón rojo, a la vieja usanza de quienes identificaban la toma correcta
con un lápiz especial, en el tiempo del cuarto oscuro y de los negativos. El
efecto es de un realismo que a veces espanta: en algún cuadro se narra una
operación a un herido de bala, en otro el dolor de un niño con la mano quemada.
Publicado en Diario
Página Siete 13 de mayo del 2018
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