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Recién pude ver el filme Algo quema (Ovando 2018) en un contexto particular. En el marco de la Semana de América Latina en París, el grupo El perro que ladra organizó un ciclo de cine con tres ejes: territorios, paisajes íntimos, herencias y rupturas. El sello era que los directores de alguna manera protagonizaban de la película llevada a la pantalla. En ese ambiente, la propuesta de Mauricio Ovando fue una nota disonante, compleja, intimista. No estaba ahí para denunciar a nadie, sino que más bien, como el nieto de uno de los dictadores bolivianos, compartir su sentir. La vi con tres lentes a la vez. Mi primera mirada fue la personal. Acepté la invitación familiar, casi terapéutica del director y me vi reflejado en su relato. Ovando es un personaje cercano a mi familia. Mi abuelo, General Hugo Suárez Guzmán, fue uno de los tres militares -con Ovando y Barrientos- que dieron el golpe de estado en 1964. Fue ministro y alcalde de La Paz en esos períodos, de hecho en el filme aparece en va…

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