Calles Vacías

 Si algo caracteriza a una ciudad, son sus calles con gente.


Las primeras semanas del confinamiento en París la imagen más chocante fue salir a caminar y encontrarse con avenidas desiertas. Caminar por el medio del espacio reservado para coches y cruzarse esporádicamente con otro peatón que huía de uno, daba una sensación apocalíptica. Entre tanto, los comercios cerrados, los cafés sin gente ni sillas, las rejas de metal grafiteadas cubriendo las elegantes vitrinas. La naturaleza retomando su lugar con los pastos crecidos y el excremento de paloma en los coches y las veredas. El Covid-19 cambió el paisaje urbano. Cuando concluyó el encierro, poco a poco las cosas volvieron a su curso, o más bien a la “nueva normalidad”, como se dice en estos tiempos.

En estas semanas me encuentro en la Ciudad de México. Ayer fui a caminar por la Ciudad Universitaria en la UNAM. Intenté hacer un picnic en los jardines que están al frente de la rectoría y la biblioteca central, sector denominado “las islas”. El lugar estaba desolado. Unos cuantos transeúntes regados en el espacio enorme, los pastos crecidos dificultaban la caminata, alguna que otra bicicleta.

“Las islas” son el epicentro territorial de la UNAM. En tiempos ordinarios son el lugar de tránsito, de encuentro, de enamoramiento, de juego, de estudio, de fotos del recuerdo. Me ha tocado participar en conciertos masivos en los noventa con mucha gente, música y baile. También he estado en las movilizaciones políticas gritos y pancartas. Y hoy, sólo un vacío reflejo del desasosiego por el que atraviesa la sociedad mexicana.

Me pregunto cómo están las calles en La Paz, en Santa Cruz, en Cochabamba. Por las fotos que veo en redes sociales, parece que algunas avenidas se encuentran vacías, otras repletas, unas más bloqueadas. A Bolivia le tocó vivir la crisis sanitaria con los peores gobernantes, los peores opositores y los peores dirigentes sindicales: con una clase dirigente decadente incapaz de dar una respuesta a la emergencia nacional.

Siempre he sido un amante de caminar por las calles de la ciudad, siguiendo el consejo de Roger Bartra que decía que al observarlas con detenimiento se pueden descubrir, “como en una especie de teatro”, las fuerzas que configuran una sociedad. Hoy mirarlas y recorrerlas es la oportunidad para sentir la atmósfera dramática de nuestra época, o como dice Bartra: “En la calle no se decide el futuro de la sociedad. Pero en cambio es el espejo de su condición actual y a veces de su devenir.”

Publicado en El Deber el 11 de agosto del 2020.

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