El mundo árabe en su complejidad
Hace diez años,
Carlos Martínez Assad invitaba a un viaje –personal, casi introspectivo- por
las tierras de sus orígenes en el libro Memoria del Líbano (Océano,
2003). Se trataba de un relato íntimo,
familiar, analítico e histórico a la vez; un largo cuaderno de viaje donde dialogaba
con su madre, con su abuelo, con aquellos deliciosos recuerdos de las historias
familiares donde sus antecesores dibujaban un mundo mágico y fantástico que el
autor, hijo y nieto, sólo pudo descubrir físicamente años más tarde, en dos
viajes que fueron la base del texto.

Primero: la política. Martínez Assad tiene claro que su libro toca un
tema y una región que está en el centro de la geopolítica mundial. No esquiva
el complejo problema de la violencia expandida, lo pone en el centro y denuncia
con datos, argumentos e interpretaciones, los intereses imperiales y las formas
brutales de intervención de Estados Unidos y sus aliados en las distintas
guerras que han costado miles de vidas: "Quienes escriben (hacen) la
historia no siempre son visibles en los medios que dan noticia de los hechos
cotidianos. Son las potencias (...) las que sostienen la pluma" (p. 18).
Por eso el autor sitúa en extensas páginas la historia de las guerras
en medio oriente, las brutales intervenciones en episodios traumáticos para la
región como la Guerra en Iraq y los intereses petroleros y políticos de Estados
Unidos. Pero no deja de recordarnos la potencia cultural árabe, por ejemplo,
repasa la historia y el esplendor de Bagdad, la Ciudad de la Paz, que en el
siglo VIII tenía cuatro veces más habitantes que París y la biblioteca más
sofisticada de su época durante siglos.
Segundo: la cultura. El atentado terrorista del 11 de septiembre del
2001 fue el argumento final que coronaba la tesis del “choque de las
civilizaciones” que con entusiasmo había anunciado Samuel Huntington hacía años
en su libro que llevaba precisamente ese título. La reflexión académica se
convertía finalmente en una agenda geopolítica piloteada por Bush; la narrativa
era perfecta, la cultura violenta venía del mundo árabe y la redentora de los
Estados Unidos. Martínez Assad denuncia: "es lamentable que sean más
conocidas las acciones de los islamistas fundamentalistas partidarios de la
guerra (...), que las argumentaciones de quienes desde los países musulmanes
auspician el diálogo entre Oriente y Occidente" (p. 23).
El autor propone un desplazamiento analítico, se trata de "desligarse
(...) de la explicación que busca entender todo a través del enfrentamiento
entre Occidente y Oriente" (132) y acercarse más bien a la discusión sobre
la cultura en un contexto de intercambios globales. Para ello, se detiene en puentes culturales
especialmente relevantes como los escritores Amín Maalouf y Orhan Pamuk, transitando
por sus obras, reinterpretándolas en un código de intercambio y mediación entre
estos mundos. Y lo propio hace con la música y el cine, como lenguajes
que crean intercambios y que abren caminos. Para entender la complejidad del
mundo árabe, parece sugerir el autor, la mejor entrada es detenerse en sus
“escritores que tienen la habilidad para rastrear en los territorios del alma”
(267).
Tercero: la identidad. En su primer texto Memoria del Líbano,
Martínez Assad decía que “hay que tener cuando menos dos mundos porque, de lo
contrario, se corre el riesgo de quedar encarcelado en uno de ellos” (p. 151). Su
constante repaso por la obra de Maalouf lo conduce a tomarse en serio las
“identidades asesinas” y el problema del otro.
Por ello subraya con insistencia "el gran abanico cultural formado
por los pueblos que lo conforman", o ese "océano de identidades que
es Medio Oriente" (p. 267). Explica el complejo vaivén de las identidades
sobrepuestas, de la necesidad de “verse en el otro para entenderse a sí mismo"
(p. 266).
Cuando la invasión mediática homogeniza el argumento y parece
imposible observar con relativa claridad lo que pasa en algún lugar del
planeta, acercarse a un libro como el de Martínez Assad permite refrescar la
mirada. Salir de los simplismos y empezar a comprender la
complejidad de los procesos socio-culturales. Descubrir el mundo árabe guiados
por este texto parece una excelente decisión.
(Publicado en suplemento Ideas de Página Siete, 17-11-2013)
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