martes, 4 de octubre de 2016

Por sus libros los conocerás

Hugo José Suárez
Un fin de semana largo decidimos con mi familia viajar a Pátzcuaro (Michoacán). Como están las cosas en estos tiempos, en vez de procurar un hotel, acudimos un buscador en Internet en el cual se encuentran hospedajes personales a precios muy convenientes. Es siempre un riesgo, pues a menudo uno no sabe con qué se va a topar; de hecho, la última vez que usamos ese servicio para pasar unos días en Acapulco, nos tocó un horrendo departamento del cual salimos corriendo al primer hostal que encontramos, perdiendo tiempo de playa y dinero. Pero ahora las cosas salieron mucho mejor.
La dueña de casa se anuncia de manera amable: “Actualmente doy servicios de psicoterapia, mi mayor interés es el despertar de la conciencia. Me encantan los animales y los niños y gozo de actividades grupales en proyectos colectivos. Me encanta la naturaleza, siempre extraño los campos y montañas”. Su presentación me cautiva, todo indica que se trata de alguien afín.
Cuando llegamos a la casa, encontramos un lugar agradable, con “buena vibra”, espacioso, limpio, acogedor. Entro a la sala y, como nos pasa a todos los intelectuales, me detengo en su biblioteca. Son tres estantes con títulos extraordinarios que tienen que ver directamente con mis intereses académicos y humanos. Empiezo a hojear título por título.
Democracia y Estado multiétnico en América Latina, coordinado por Pablo González Casanova y Marcos Roitman (1996). En aquel tiempo lo indígena fue un tema que estaba en el corazón del debate en las ciencias sociales;  González Casanova tuvo desde décadas atrás la lucidez de proponer una agenda de discusión y, para llevar adelante esa empresa, invitar a grandes personalidades. En ese volumen convoca –entre otros- a Rigoberta Menchú, Héctor Díaz-Polanco, Darcy Ribeiro y a nuestro querido Xavier Albó que escribe sobre “Nación de muchas naciones: nuevas corrientes políticas en Bolivia”. Un texto clave que años después sigue resonando.
Luego me encuentro con Metodología y Cultura (1994) de Jorge González y Jesús Galindo, importantes académicos que introdujeron el tema de la cultura desde la ciencia de manera contundente. En sus páginas, el primer capítulo lo escribe Gilberto Giménez. También está presente Julieta Haidar cuyos aportes en la semiótica y el análisis del discurso han sido fundamentales.
Salto unos volúmenes y llego a la Sociología de la vida cotidiana (1977), de Agnes Heller, prologado por Lukács, una reflexión capital. Al lado suyo un documento que fue un aporte clave en México: La ideología de la Revolución Mexicana, de Arnaldo Córdova, publicado en 1978 en su sexta edición; el autor tuvo su oficina frente a la mía hasta que murió en el 2014. Un investigador tan agrio como brillante.
Unos centímetros a la derecha, está Y venimos a contradecir. Los campesinos de Morelos y el estado nacional, de Arturo Warman (1976). Recuerdo que la primera vez que vi ese texto fue en casa de una amiga y quedé impactado con el párrafo testimonial de donde salía el título. Era un contra argumento a la modernización capitalista de estado desde una lógica campesina. Una reflexión notable.
La siguiente repisa resguarda la literatura: la jocosa novela de Vargas Llosa, Pantaleón y las visitadoras, el fabuloso texto de Fuentes, La región más transparente, algo de Bryce Echenique y Proust, reflexiones de José Vasconcelos y el documento infaltable en cualquier estante: El laberinto de la soledad, de Octavio Paz. Continúo mi paseo y me topo con títulos de Néstor García Canclini y autores de izquierda como Gramsci, Marcuse, Marx y Engels, y el insufrible libro que fue un hit desde los 70: Los conceptos fundamentales del materialismo histórico, de Marta Harnecker, en su edición 26 de 1974.

En fin, no los canso más, el caso es que luego del paseo a vuelo de pájaro por su biblioteca, entiendo muy bien el por qué de la autodescripción de quien me renta esta casa en Pátzcuaro y me identifico plenamente con sus lecturas. Tengo una conclusión: ni bien pueda, contacto a la casera y le invito un café. Me encantará encontrarla personalmente, ya sé mucho de ella. Forzando el pasaje bíblico: “por sus libros los conocerán”.


Publicado en el Deber

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