Pensar la nación
Hugo José Suárez

El texto reúne documentos de
distinta naturaleza que giran alrededor de una sola intención que explica el
autor en el segundo párrafo: “El libro es una invitación a pensar la cuestión
nacional contemporánea y ofrece al lector varios de los puntos de entrada por
donde yo he procurado sondear de una temática que es de suyo polifacética” (p.
5).
El primer valor del documento está
en recuperar los escritos paralelos a la producción académica formal en un solo
volumen con un hilo conductor. Ahí uno se puede encontrar con un ensayo, una
conferencia, un prólogo, un artículo. Se trata de recuperar las reflexiones que
por distintas razones acaban desperdigadas en múltiples soportes y cuya
compilación facilita su acceso a los lectores y permite comprender mejor el
pensamiento de un autor.
También se agradece poder leer al
universitario en sus episodios más personales, que a menudo se pierden –acaso
se ocultan- en las grandes obras. Por ejemplo, Claudio explica que redactó esas
letras porque migró a Nueva York en 1988 desarraigando a su familia: “Mis hijos
a veces resentían esa decisión, y la cuestionaron en varios momentos. Quise
escribir un libro acerca del México de los años ochenta para que ellos
comprendieran algún día el contexto en que los había desarraigado” (p.8). En la
misma dirección, en el apartado “A caballo en el río Bravo” el autor narra su
trayectoria personal, su vida en Santiago de Chile –donde nació-, su llegada a
México, sus estudios de antropología en la Escuela Nacional de Antropología e
Historia, su migración a la academia norteamericana, sus lecturas, su relación con
sus padres. En suma, como bien sugería George Deveraux hace tiempo, no se oculta
bajo la alfombra. Por el contrario, sus experiencias, sus miedos, sus apuestas
están sobre la mesa y permiten comprender más sus escritos.
El documento muestra otra manera de
analizar lo social no acudiendo solo a los lugares comunes y grandes nombres sobrados
de legitimidad. Un ensayo sobre Octavio Paz convive con una reflexión sobre las
“travesuras de Memín Penguín” –caricatura de los años 50 en México-; con la
misma soltura habla de Oscar Lewis –autor del clásico Los hijos de Sánchez- que de Mamá Rosa -mujer responsable de un
albergue para niños en Michoacán intervenido por autoridades federales-.
Son muchas más las virtudes del
libro, a quien quiera leerlo, le recomiendo que empiece por el apartado “A
caballo en el Bravo”, pues se encontrará con Lomnitz en sus hazañas vitales y sus
vaivenes académicos. Verá con mayor claridad por qué escribe a galope entre la
Ciudad de México y Nueva York, por qué se siente propio y ajeno en ambos
lugares. Y sugiero continuar con el Bonus:
“La etnografía y el futuro de la antropología en México”, para tener clara la
importancia de la antropología, de mirar los datos más allá de los números, de
darse el tiempo para convivir y pensar. Entenderá que escribir, describir y
descubrir forman parte de un mismo proceso, y que toma tiempo, esfuerzo y mucha
pasión. Luego se puede transitar por cualquiera de los capítulos; no dudo que,
cuando concluya, el lector quedará satisfecho de haber compartido unas horas
con un autor indispensable.
Publicado en el diario "El Deber"
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