domingo, 17 de julio de 2011

La observación de lo banal



Una de las enseñanzas del sociólogo francés Jean-Claude Kaufmann es esforzarse por poner la mirada en las rendijas poco exploradas de la sociedad pero que guardan magníficas revelaciones.  Así, cuando todos miraban los movimientos sociales, él se detuvo en las lavadoras; cuando muchos hablaban de la modernidad, él exploró dónde la gente pasa sus vacaciones.  En su último libro, precisamente se ocupa analizar lo que cargan las mujeres en sus carteras, ese misterioso saco cuyo contenido puede ser inagotable.  El texto se llama La cartera, un pequeño mundo de amor.

Desde las primeras páginas, el autor anuncia su agenda: “En treinta años de investigaciones, logré revelar lo ‘no dicho’ de las cacerolas y de las toallas, mostré cómo las olas fabrican una familia y por qué la ropa teje la vida de la pareja, revelé lo que se oculta detrás de los usos del traje de baño en la playa o la manera de pegar una barrida a la casa.  Ahora las carteras, ¡pensé! Es evidente que tienen millones de cosas para contar.  Más evidente que una simple cacerola o una ridícula escoba.  Sólo hay que observar alrededor nuestro para comprenderlo”.
En efecto, Kaufmann supo meterse en detalle en lo que para otros pasó sin importancia, por ejemplo en su texto sobre el uso de las máquinas para lavar ropa, analiza cómo, en un contexto de igualdad de género –en Francia-, incluso en las parejas más “abiertas” e igualitarias, todavía la responsabilidad final de poner la ropa en la lavadora, colgarla y pasarla al planchado, recae en la mujer y no en el varón.  A partir de ahí se comprende cómo, en esos lugares, se reproducen las lógicas de distribución de las tareas domésticas.
Pero este autor tiene muy claro que estudiar “lo banal” no implica banalizar el estudio, y mucho menos la sociología.  Al lado de sus producciones en cierto sentido entretenidas, tiene libros de agudeza teórica remarcable.  Detenerse en la observación de la vida cotidiana implica un esfuerzo teórico fundamental, un aparato conceptual sólido y una rigurosidad metodológica extrema.  En sociología, lo sabemos desde Durkheim, hay que tener cuidado en no creer en las primeras impresiones, desconfiar obsesivamente de lo que se presenta como evidente y salir de las sugerencias –tramposas- del sentido común.  Si no nos ponemos en guardia contra las primeras impresiones, advierte Durkheim, corremos el riesgo de abandonarnos a ellas sin resistencia y dar por cierto lo que es no es más de una ilusión.
Por eso reconforta encontrarse con un libro como el de Kaufmann, pues se introduce en la cotidianidad con rigurosidad.  Indaga las carteras femeninas buscando sus secretos y misterios. ¿Por qué son tan custodiadas? ¿Qué llevan dentro, pero sobre todo, qué representa lo que llevan dentro?  Esas preguntas podríamos traspasarlas a otros objetos: ¿Qué cargan los varones en sus billeteras? ¿Qué afiches se cuelga los adolecentes en las paredes de sus cuartos? ¿Qué se pinta en las hojas libres de los cuadernos de los estudiantes? ¿A qué páginas web acuden los jubilados? Y así hasta el cansancio.  Kaufmann nos invita a practicar “el arte de hacer hablar a lo banal”, pero con un lente sociológico.  Ese desafío es, sin duda, apasionante.

1 comentario:

Diannis dijo...

Sin duda, lo que nos cuentas en estos renglones son una forma muy interesante de observar la vida cotidiana de la cual, en ocasiones,nos olvidamos los sociólogos. Y es que nos acostumbran a ver las cosas más allá de lo evidente pero cuando se trata de lo cotidiano cuesta trabajo redireccionar la mirada. Un vistazo a "lo banal" puede resultar en un ejercicio indispensable para los que nos dedicamos a observar la vida social. Muy buena entrada Hugo José :) Un abrazo.