martes, 13 de enero de 2009

Olores paceños

Se queda corto Jaime Saenz al decir que “el olor del huano es un misterio” (Piedra Imán). Todo olor es misterioso porque convoca y evoca, transporta y moviliza. Dicen que incluso en situaciones extremas de salud mental, es el olor el que logra despertar la memoria del enfermo que está a punto de perder su pasado.

Para mí, caminar por la ciudad de La Paz es un intenso tránsito por sus olores, y los recuerdos que ellos me despiertan.

Cruzar por uno de los puentes del río Choqueyapu, a la altura de la Avenida Roma, es sentir uno de los olores que me acompañaron cada salida del colegio (el San Ignacio, en Següencoma) a las 12:30 con el sol a cuestas y las ansias de llegar a casa a descansar.

El olor de los pollos Copacabana en la calle Comercio -y ahora en la Av. Ballivián- me transporta al ritual de los viernes a medio día, cuando como burócrata internacional trabajaba horario continuo y comía en la oficina los inolvidables pollos que impregnaban con lo suyo al edificio entero.

El inconfundible olor a minibús cerrado al cual hay que introducirse doblándose en tres a las 18:30 para ser partícipe de un hermético y apretado desplazamiento del centro hacia el sur de la ciudad, estrechando lazos con los anónimos vecinos del viaje urbano.

El olor de la garapiña, tan intenso como su color, que acompaña al chicharrón de Irpavi los domingos.

El memorable olor de los “donuts” –o “rosquillas” como los llama Homero Simpson- de la 6 de agosto que se dejan sentir una cuadra más arriba y aseguran el encuentro con algún conocido antes de llegar a la Aspiazu.

En fin, tantos olores paceños, todos profundos y penetrantes, que nos conducen por los laberintos de la memoria y son testigos de nuestros consumos urbanos. Sin ellos, la ciudad no sería nuestra ciudad.

3 comentarios:

CARLOS VARGAS GUTIERREZ dijo...

Me agrada el escrito por dos razones:

1.- Hace un mes pensado en como escribir una historia relacionada con los olores y su sociología me inspiro tu escrito "Lo privado en el espacio público" para verter lo poco que había descubierto de aquella sociología. Lo que escribí en realidad si sucedió y tu escrito me ayudo a solventar mi falta de "imaginación sociológica" para relatarlo. Entonces conociendo tu blog logre concluir mi escrito "olores inciertos" y a su vez leyendo "olores paceños" descubrí que los olores no pueden ser tan inciertos pues en tu descripción va garantizada la certidumbre de olores, lugares y recuerdos.

2.- Por quien lo escribió: Hugo José Suárez. No me había percatado de las grandes ventajas de realizar el servicio social en el Instituto de Investigaciones Sociales hasta que me entere de la presentación de " El sentido y el método". Es como tener las exclusivas de lo que realizan y piensan los investigadores del instituto; así mismo también nos hacen pensar a nosotros los jóvenes estudiantes. Gracias.

¡Por cierto! le hace falta tu firma a aquel gran "esfuerzo colectivo". El libro que adquirí no venia con la misma pero bastara con subir unas escaleras y tocar la puerta.

Hasta Pronto!

Anónimo dijo...

Yo recuerdo que, a mi regreso a La Habana, luego de los dos consabidos meses de vacaciones anuales en La Paz entre 1996 y 1998, extrañaba estas mismas "pequeñeces" que tienen que ver con lo real maravilloso de Lezama. El olor de los Pollos Copacabana del Prado, los olores y gritos de voceadores de minibuses y los eternos cielos celestes agrandados por el frío de julio. Esas eran mis evocaciones paceñas en los calores habaneros.

Anónimo dijo...

Perdón, el comentario anterior era mío. Roxana