martes, 29 de julio de 2008

Lo privado en el espacio público

Diariamente tomo una pesera en el recorrido de mi casa –en Coyoacán- a la Ciudad Universitaria. En el camino, mato el tiempo entre la lectura del periódico y la observación del comportamiento de los demás; finalmente, sigo siendo sociólogo (y recuerdo a Marc Augé cuando escribía Un etnólogo en el metro).

Tres escenas llaman mi atención:
- Una mujer sentada a mi lado saca de su cartera una pequeña bolsa de cosméticos. Los abre cuidadosamente y empieza la sesión de decorado. Como sucede en estos casos, va paso a paso, utilizando con especial maestría cada uno de los instrumentos y dominando el movimiento del agitado transporte. Todo con el objetivo de embellecerse, resultado claramente conseguido al llegar a su destino.
- Un joven muy bien acomodado en dos asientos, saca de su mochila un cortaúñas y procede, también controlando el tambaleo de la pesera, a recortarse cada uña (por suerte de las manos solamente). El sonido que acompaña a este natural acto se escucha muy a pesar de la música impuesta por el conductor.
- Un oficinista, vestido con traje y corbata, contesta su bullicioso celular y nos invita a todos a participar de lo que podría ser una reunión de trabajo. Hablando fuerte da órdenes con respecto a su proyecto, estrategias, actividades para el día, etc.

Ninguno de los comportamientos me molesta particularmente, los observo con curiosidad científica, pero me pregunto hace cuánto que el espacio público se ha convertido en un lugar para hacer cosas que estaban reservadas a la privacidad. Y me preocupa pensar hasta dónde llegaremos. ¿Cuál el límite para compartir con los demás en esos lugares? ¿Será que la urbanidad nos ha convertido en seres brutalmente anónimos que ya no tenemos sentido del ridículo? Vaya a saber.

4 comentarios:

jaime dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
jaime dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
jaime dijo...

Hace mucho, mucho que cambio lo público, que los sujetos no vemos al otro y que los compañeros de viaje no son sino fantasmas que aparecen y desaparecen al prender el ipod. Tus fotos son testigos de esos cambios en lo público.
Creo que hoy estuviste dispuesto a observar y no mirar,y por lo tanto escribir estas líneas
¿Capacidad de sorpresa? Creo que sería el verdadero título de tu texto, es una invitación a recuperar la capacidad de asombro y que empecemos a pensar más en los otros tanto como pensamos en nosotros

Pedro Jaimes Villarreal dijo...

No estoy de acuerdo que hace mucho cambio lo publico como escribió jaime. Ese espacio siempre esta cambiando. Siempre es diferente. tambien me apasiona ver gente en el camino. He optado por suprimir la musica personal, para ver, oir; observar y escuchar. Es fascinante.
Cuando el espacio privado de los otros es superpuesto en lo publico, comparto sus vidas, sus olores, sus frustraciones, sus alegrias... a veces pienso que cada vez lo privado se diluye en lo publico por causa de la soledad, el tiempo que pasa la gente en el transporte hace que el otro se vuelva su propio, su comun. Lo que se conoce como flaneur... un flaneur moderno, eso nos obligan a ser