viernes, 11 de julio de 2008

El balcón



Una ventana siempre carga algo de mágico. No sé, acaso porque nos invita a pensar qué hay adentro, qué está del otro lado, sin darnos más pistas que la imaginación.

Esta foto me recuerda a Guanajuato, el tiempo vivido en esas laberínticas calles donde uno se puede encontrar con este tipo de paisaje repetidas veces. Pero a la vez, no puedo evitar recordar mis paseos por Venecia, o las caminatas en Brujas custodiados por fachadas burguesas, o la obsesiva observación de los balcones del barrio de San Pedro, en La Paz.

El fantasmal encanto de una ventana abierta, misteriosa, discreta, encantadora, como una mujer a punto de abrirnos sus compuertas.

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