domingo, 4 de noviembre de 2018

Tres interpretaciones de un mismo lugar

Voy caminando sobre la orilla del Sena en París y me encuentro con un monumento muy especial: La Flama de la Libertad. Se trata de la reproducción exacta del fuego en la antorcha en la Estatua de la Libertad en Nueva York que Francia regaló a Estados Unidos en 1886. La base es de mármol negro y gris con una columna gruesa en el centro donde reposa la enorme llama dorada de más de tres metros de altura. Una placa recuerda su origen: fue el resultado de una donación colectiva en el centenario del acontecimiento y un “símbolo de la amistad franco-americana”. Hasta aquí, todo oficial.
Al lado de la placa en bronce, está la foto a color de la Princesa Diana impresa en un papel bond dentro de un protector corriente de plástico. Se recuerda la fecha de su accidente fatal acompañado con la frase “Forever in our Hearts. We miss you”. El contorno del monumento tiene evocaciones emotivas y homenajes a Diana: flores, mensajes, fotos. Claro, caigo en cuenta que estamos precisamente encima del túnel en el cual Lady Di murió en agosto de 1997 en un trágico choque mientras huía de los paparazis que buscaban una foto para venderla en el mercado. Me queda claro que quienes sintieron la pérdida de Diana, encontraron dónde recordarla.
Sigo bordeando la obra y llego a la parte trasera para terminar con mi asombro. Rodeando la columna hay una enorme manta que la cubre íntegramente con el rostro de Donald Trump. Lo mejor: sólo abarca del cuello hasta la frente. Sí, en la cima de la cabeza, en lugar de mostrar la cabellera del presidente norteamericano, surge la enorme flama dorada. Una perfecta caricatura del jopo rubio chillón tradicional de Trump que tanta tela para cortar ha dado propios y extraños. Es una imagen impecable.
Los espacios públicos son lugares de disputa de significaciones, a veces confrontadas, otras complementarias o, como en este caso, que poco dialogan entre sí. En la Flama de la Libertad confluye la crítica política al presidente de Estados Unidos, el recuerdo a la carismática princesa trágicamente desaparecida, y el recuerdo oficial de “un gesto de amistad” entre dos países poderosos. 
París da para mucho, finalmente, cada quién se identifica con cualquiera de las tres interpretaciones del monumento según sea su conveniencia y posición, o con todas a la vez.

Publicado en El Deber el 28 de Octubre del 2018. 

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