domingo, 26 de agosto de 2018

Desde París


Por Hugo José Suárez

Cuando que empecé esta columna, quise que las letras estén vinculadas al contexto directo que tenía en frente. Lo dije al principio: escribiré desde algún café de Coyoacán de la Ciudad de México disfrutando cada golpe de tecla. Creo que las palabras llevan consigo, además, el resultado del ambiente desde dónde se las produce. Hoy quiero hablar del lugar que será mi nueva morada temporal.
Tengo la fortuna de que me otorgaron la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto de Altos Estudios de América Latina, en la Universidad de Sorbonne Nouvelle, y la Cátedra Jacques Leclercq en la Universidad Católica de Lovaina, lo que, unido a la comisión académica que generosamente me brinda mi institución de origen, la UNAM, me permitirá vivir un año en París. Por tanto, cada entrega será despachada desde este lugar del planeta. Pero la intención será la misma: registrar la vida diaria, comentar libros y películas, episodios o posiciones políticas.
De cierta manera, estas líneas serán material para un libro que pienso publicar sobre esta estancia parisina, similar a Un sociólogo vagabundo en Nueva York, que fue el resultado de mi sabático en dicha ciudad.
Empiezo evocando mi relación con París. Haciendo el doctorado en Bélgica, pude conocer personas extraordinarias que trabajaban acá. Me conecté con Pierre Bourdieu -en otra ocasión cuento esa historia- y él me vinculó con Franck Poupeau -entonces su asistente en El Colegio de Francia-, luego conocí a Françoise Martínez y Christophe Giraud. 
Eran años especiales, muy dinámicos, a finales de los 90. Bourdieu ocupaba el lugar central de la vida intelectual francesa y su posición era de confrontación y denuncia del neoliberalismo. Del lado boliviano, eran los mejores años del pensamiento crítico que, desde la marginalidad académica -y la prisión- denunciaban la intelectualidad cortesana seducida por el discurso neoliberal. Los movimientos sociales emergían y ponían sobre la mesa otras formas de la política. 
En esos años, a mi vuelta de Bélgica, impulsamos colectivamente el grupo “Ciencia social y acción”, que discutía la propuesta del sociólogo francés desde la perspectiva local, lo que dio como fruto el libro Bourdieu leído desde el sur. Eran aires frescos que fluían en varias direcciones, la academia francesa se nutrió de nuestras reflexiones y nosotros de las suyas.
Todo eso quedó atrás. Bourdieu murió, el panorama académico y político parisino es distinto. En Bolivia, el impulso renovado de finales de los noventa o se convirtió en libros desde una trinchera universitaria, o se burocratizó en el laberinto estatal perdiendo toda creatividad e imaginación. Creo que no es mucho lo que se puede rescatar de ese proceso político-intelectual, o tal vez sea una alarma sobre hacia dónde no hay que dirigirse y cómo el poder puede destrozar ideas, proyectos y amistades.

Es otro tiempo, pero un mismo lugar. Ya decía: van estas líneas desde París, con nuevos aires que iré compartiendo en estas entregas.

Publicado en El Deber el 26 de Agosto del 2018

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